La vida

La vida cotidiana

A pesar de que es poco lo que sabemos por el momento acerca de los habitantes de la ciudad del Forau de la Tuta, podemos intentar hacernos una idea de cómo sería su vida cotidiana a partir de los escasos restos localizados, de los vestigios conocidos en asentamientos similares y de las noticias de las fuentes escritas.

SOCIEDAD

La ciudad del Forau de la Tuta pudo fundarse en torno al cambio de era, en tiempos del reinado del emperador Augusto, como una comunidad peregrina perteneciente al Conventus Caesaragustanus, dentro de la provincia hispana Citerior. Es posible, sin embargo, que algunos de sus habitantes disfrutaran desde muy pronto de la ciudadanía romana. El derecho de la ciudadanía plena se fue extendiendo por este territorio a partir de finales del siglo I d.C., de modo que, en tiempos de los emperadores Flavios, esta comunidad se convertiría en municipio latino.

En principio, el grueso de la población estaría formado por personas libres, en su mayoría peregrinos cuyos nombres eran aún indígenas, surgidos del habla vasco-aquitánica de la zona, tales como Ausagesius. La sociedad estaría, desde su origen, notablemente estratificada, con una aristocracia local terrateniente compuesta por un puñado de familias en la cúspide de la pirámide social. Estos notables se relacionaban entre sí por medio de lazos familiares, controlaban la riqueza y también las instituciones públicas por medio del monopolio de las magistraturas, los sacerdocios cívicos y el senado local u ordo decurionum. Este grupo social recibió con relativa rapidez la ciudadanía romana. La familia de los Valerios fue una de las más importantes. El resto de la población se dividía en pequeños propietarios y arrendatarios, artesanos, comerciantes y tenderos que fueron cambiando sus nombres locales por nombres en latín como Firma o Fronto. En la base social se encontrarían los esclavos, dedicados normalmente a las labores más duras del campo, a las labores domésticas o de los talleres manufactureros.

Teóricamente, las mujeres estaban al margen de la vida pública y de las actividades económicas. No podían acceder a las magistraturas, a las asambleas y a la mayor parte de los sacerdocios. Igualmente estaban al margen de los negocios. Sin embargo, conocemos no pocos casos de féminas que, sorteando estos impedimentos legales y constitucionales, desempeñaron destacados papeles en la economía y la vida social de sus ciudades y probablemente también aquí.

Como es normal en las comunidades urbanas romanas, buena parte de los habitantes de la ciudad habitarían en pequeños asentamientos rurales de su territorio. A partir del siglo IV d.C. algunos de ellos se convirtieron en grandes villas palaciegas como la de Rienda, en Artieda. Sin embargo, las actividades comunitarias de tipo cívico, político, religioso, económico o lúdico tendrían lugar en el centro urbano del Foro de la Tuta.

En el foro, el corazón público por excelencia de la ciudad, todavía no localizado con precisión, se establecería en los mercados temporales y se desarrollarían las ceremonias cívicas y religiosas tales como las elecciones a las magistraturas y sacerdocios, los debates y discursos políticos, las sesiones del ordo decurionum, los actos administrativos, las compraventas, los espectáculos de todo tipo, los sacrificios religiosos o los banquetes y demás celebraciones comunitarias. Sin embargo, sería el baño en las termas públicas una de las actividades más populares y cotidianas entre los habitantes de la ciudad como en el resto de las ciudades del Imperio Romano.

ECONOMÍA

Las actividades económicas principales de los habitantes de esta ciudad fueron la agricultura y la ganadería. La fertilidad de los suelos rojos de las terrazas de ambas orillas del río Aragón es idónea para la producción de cereales y otros cultivos de secano. Igualmente, la explotación ganadera de las áreas no roturadas del entorno y de los prados de montaña favorecería su ejercicio.

Se sumarían, por supuesto, las actividades vinculadas a la explotación económica del bosque y de los minerales de esta zona del Pirineo.

La industria manufacturera se centró en la transformación de las materias primas de origen vegetal para la producción de vino y harina, así como de origen animal como la carne, las pieles, el hueso o la lana. La conservación de piezas pertenecientes a actividades como la moltura del cereal en molinos giratorios de mano señalan una producción doméstica, mientras en otras ciudades hispanas esta actividad se realizaba en establecimientos de mayor tamaño y capacidad productiva.

Como en toda ciudad romana, el comercio de intercambio de productos sería otra de las actividades económicas principales. Este asentamiento urbano funcionaría como sede del mercado local y regional. Se intercambiarían la producción local agrícola y ganadera, así como los bienes elaborados in situ.

A ello se sumarían aquellos importados de regiones próximas y lejanas de este vasto imperio. En este sentido, los hallazgos arqueológicos demuestran que a lo largo de los siglos I y IV d.C. llegaron en abundancia a la ciudad productos del exterior, tanto de uso cotidiano como de lujo, vajillas de mesa del tipo terra sigillata o cerámica de cocina procedentes del Valle del Ebro, de la Galia e incluso del norte de África. Para los productos de lujo, un ejemplo de importación a larga distancia lo constituye el fragmento de una escultura monumental en mármol blanco de grano fino de Luni, en Carrara, norte de Italia. Su elevado coste y dificultad de transporte pone de manifiesto la gran eficacia de las redes de distribución de bienes tanto por mar como por tierra. La calzada que discurría a través de la Canal de Berdún, actual Camino de Santiago, por la margen izquierda del Aragón, pasando por las cercanías de la ciudad del Forau de la Tuta, impulsó la recepción de objetos procedentes de tierras muy distantes.

RELIGIÓN

Desde el punto de vista religioso, desconocemos si los habitantes de la ciudad de El Forau de la Tuta practicaban los cultos autóctonos de las divinidades vasconas (Abellio, Aherbelste, Erriapus, Elhe, Herauscorritze, Selatse, etc.), a menudo asimilados a dioses o semidioses del panteón romano (Hercules Ilun Andos), que conocemos gracias a numerosas inscripciones procedentes principalmente de Navarra y de las zonas pirenaicas central y occidental de Francia. Sin embargo, es muy probable que los templos y los principales ritos religiosos de la ciudad estuvieran relacionados con el culto imperial en el contexto de la llamada «religión cívica» o comunitaria.

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